¿POR QUÉ ES TAN DIFÍCIL CAMBIAR?

¿PORQUE NO CAMBIAMOS SI SABEMOS QUE DEBEMOS CAMBIAR?

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Para Edgar Schein, estudioso de la cultura organizacional, el proceso de cambio primero pasa por “descongelar el bloque de hielo”; la mente de las personas. Si no se ha descongelado es imposible producir un cambio real. Será sólo aparente. Ese enfoque llama la atención sobre algo que, a veces, ha pasado desapercibido. Como dijo este autor dentro de su campo de estudio, extendido a otras ramas y facetas del ser humano: “lo primero que hay que hacer en un cambio organizativo es un proceso de des-aprendizaje”. Esto quiere decir que para que se produzca un cambio las personas deben convencerse de que lo que antes era válido ya no lo es.

Esto está muy relacionado con algo que dijo John Kotter, profesor de la escuela de negocios de Harvard, “cuando se inicia un cambio el proceso se enfoca, precisamente, a establecer la necesidad del cambio”. Kotter en su libro el “Líder del Cambio” establece como primer requisito para el éxito la creación de “un clima de premura del cambio”. Esta recomendación se basa en la creencia de que los seres humanos solo cambian, de verdad, cuando llegan a la conclusión de que no tienen más remedio que cambiar.

Algunos estudios realizados por Dean Ornish, profesor de Medicina de la Universidad de California, San Francisco, resaltan la importancia de considerar las dimensiones psicológicas, emocionales y espirituales al promover el cambio. Se ha demostrado que la probabilidad de que una persona cambie es de 1 sobre 10 y la de que no lo haga, 9 sobre 10. La forma en que percibimos el mundo, los hábitos y las emociones explican por qué es tan difícil, pero no imposible, cambiar.

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 “el cambio de conducta se logra involucrando los sentimientos de las personas”.

John Kotter, profesor de la escuela de Negocios de Harvard

Algunas consideraciones:

  • Al cerebro le cuesta cambiar una vez que se ha formado un hábito.

Por ejemplo, cuando nos proponen una nueva forma de hacer las cosas, es la memoria funcional la que absorbe la nueva información, y compara sus ventajas con la antigua.

La memoria funcional se fatiga con facilidad, y solo puede retener una cantidad limitada de información en un momento dado. Además, el intento de cambiar un hábito exige mucho esfuerzo en nuestra capacidad de atención.

Por otro lado, toda actividad que se repite hasta el punto de convertirse en un hábito es almacenada en una parte del cerebro dedicada a lo aprendido. Lo adquirido se mantiene en circuitos nerviosos de los que ya no se requiere de la atención consciente, y por lo mismo exigen mucho menos energía que la memoria funcional. Es como manejar en “piloto automático”.

  • Cuando se detecta una diferencia entre las expectativas y la realidad, el cerebro emite una señal de “error”. El cerebro advierte que algo no “cuadra”, y disminuye su capacidad de razonamiento.
  • La resistencia al cambio es tan fuerte, que las personas necesitan estar muy motivadas para iniciar este proceso.

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Acerca de Patricia Conde

No creo en la escasez sino en la abundancia; no quiero competir sino compartir;no creo en la rivalidad sino en el amor; no creo en las limitaciones sino en el ser humano. Creo que hay algo aún más grande por llegar y quiero compartirlo contigo.
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